Tubal Páez: “Según me contaron, El Colimador estaba apuntando al lugar equivocado”

Con esto que ha sucedido con el blog de El Colimador, y la carta renuncia de su creador Ruslán, mucho me temía que mi jefe me mandara a la jaula de los leones. NO hablo de los Industriales. Hablo de otras jaulas. Así que la nota dejada sobre mi buró era más que “peligrosa”, esperada:

“Siro, entrevista a algún peje gordo de la UPEC. Creo que vi entre tus amigos de Facebook a Tubal Páez. ¡Ese nos sirve!”

Así que me dirigí a casa de mi amigo Tubal, y… no haré muy larga la anécdota. Tras el obligado café, prendí mi grabadora.

Siro Cuartel: Tubal, mi amigo, ante todo quería felicitarte (no había tenido la oportunidad)… y preguntarte,  ¿tú como Jefe de Comunicación en la AN, tienes algo que ver con Etecsa? Porque… ¡me defraudarías mucho!

Tubal Páez: Hace rato no pasabas por aquí por la casa. ¡Ni que te hubiera echado los perros! Bueno, no Siro. No. Lo de Etecsa no tiene que ver en nada conmigo. Recuerda lo que te dijo nuestro Cardenal Jaime Ortega. Sigue leyendo

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Sobre la autocensura del colimador: Hasta aquí he llegado.

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Según un texto que leí hace poco (de cuya veracidad no puedo dar fe), lo que llegó a oídos de Tubal Páez es que El Colimador empezó a apuntar hacia el lado equivocado. Se equivocó de objetivo. Vaya, que apuntó para donde no era.

Yo recuerdo el proyecto en sus inicios porque lo ayudé a salir del cascarón, precisamente como hijo de una censura, en este caso de Iroel Sánchez, quien nos acusó a Ruslán y a mí de utilizar el blog de ecured para fines personales tras la publicación de artículos relacionados con la Internet en Cuba cuando todavía Nauta no navegaba en su chalupa y las wifis eran solo clandestinas y sin acceso a Internet. Me había prometido a mí mismo no escribir sobre este tema, no porque como dice la entrevista a Tubalaún no sean tiempos de hacer pis contra el ventilador, sino simplemente por un problema de vergüenza que algunos antiguos colegas bien entenderán, pero estoy totalmente en contra de actitudes censuradoras como estas que cercenan la posibilidad de crear una cultura de debate en Cuba. Sigue leyendo