Los cocheros tenían razón

Largas filas de personas esperaban angustiadas por un transporte. La imagen fue tomada en otro momento, pero bien podría ser de hoy

Largas filas de personas esperaban angustiadas por un transporte. La imagen fue tomada en otro momento, pero bien podría ser de hoy

Lo bueno dura bien poco en la casa del pobre. Las Dianas que reforzaban el transporte en Cienfuegos se están quedando secas como si estuviéramos en el desierto y ya les cuesta andar. Han visto como se reducen la cantidad de viajes en el día y se alarga el tiempo entre uno y otro. Al final la gente suda, se desespera y aguanta, ya tenemos bastantes años de  entrenamiento. Los cocheros se mofan y cobran lo que se les antoja. Al final tenían razón. La dicha dura poco en la casa del pobre y la estabilidad del transporte en Cuba menos que un merengue en la puerta de un colegio.

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De cocheros, impuestos y otros demonios de la oferta y demanda

Voy tan solo hasta la primera de Tulipán (casi la mitad del camino), te dicen con la cara fresca como una lechuga los cocheros en Cienfuegos en los horarios picos. El precio obviamente es el mismo. Otros ni se inmutan en mirar a los desesperados que forman una larga fila mientras sudan a mares. Esos no les importan, ya por ahí aparecerá un necesitado que se estrujará el bolsillo para alquilarlos o uno de esos nuevos ricos que ahora pululan y que pasan despectivamente junto a esos humildes no tan nuevos.

Hace algún tiempo los cocheros en Cienfuegos incluso se fueron a la huelga para exigir mejoras en sus condiciones de trabajo y rebajas a sus impuestos.

Hace algún tiempo los cocheros en Cienfuegos incluso se fueron a la huelga para exigir mejoras en sus condiciones de trabajo y rebajas a sus impuestos.

Hace algún tiempo los cocheros en Cienfuegos incluso se fueron a la huelga para exigir mejoras en sus condiciones de trabajo y rebajas a sus impuestos. Fueron escuchados, fueron complacidos en muchas cosas, incluso deberán pagar tributaciones significativamente menores, pero no les basta, quieren más. Los menos, a los que tal vez les queda un ápice de vergüenza, intentan justificarse con que los alimentos, medicinas y herrajes están caros, deben ser adquiridos por la izquierda… Los más, simplemente te dicen que coche y caballos son suyos y hacen con ellos lo que les dé la gana.

Depravación humana en estado puro cuando arremeten a golpes, muchas veces bajo estado de embriaguez, contra el motor que con un caballo de fuerza impulsa su transporte. Insensibilidad sin límites cuando uno se aprovecha un día sí y otro también de la necesidad de nuestro prójimo para lucrar más que para vivir.

Por ironías de la vida, gracias a un sistema social contra el que muchos de ellos arremeten, ellos (los cocheros) y sus familiares nunca deberán en Cuba alquilar a un médico para que los operen, recibir la mitad de la anestesia que les corresponde, o pagar por los libros para recibir educación. Por ironías de la vida día tras día la cola está llena de desesperados médicos, maestros, y otros profesionales que le garantizan calidad de vida a quienes solo piensan en sí mismos.

El pueblo está cansado y grita basta, cada vez con menos fuerzas, cada vez con menos voces. De nada sirve apelar a valores humanos ante un bebé cargado en brazos, una embarazada, o varios representantes de la tercera edad. Los que tienen en ese momento literalmente el poder tomado por las riendas, fingen no ver, no escuchar, no darse por enterados. Los otros, desde el poder de un buró, la comodidad de una oficina climatizada, y las ventajas de un transporte estatal, dicen que no se puede hacer nada, que es la ley de la selva, digo, de oferta y demanda.

De leyes y trampas sabemos mucho los cubanos. Un SOS para la piquera del parque Villuendas en Cienfuegos.

¿Cocheros de Cienfuegos en la zona de strike? (+Fotos)

Las personas debían bajarse de los coches sin continuar viaje

Las personas debían bajarse de los coches sin continuar viaje

La noticia no por esperada fue menos contundente: ayer lunes el ya deprimido sistema de transporte de Cienfuegos vio como los conductores de coches o carretones permanecían impasibles en sus piqueras sin recoger personal. ¿Las causas? Descontento generalizado ante ciertas nuevas medidas que ellos consideran en su contra. Lo cierto del asunto es que la cosa va mucho más allá de que los coches contemplaran vacíos la aglomeración de personas que veían como el tiempo se le agotaba para llegar a su destino.

Recuerdo que en los inicios del trabajo por cuenta propia a mediados de los 90, la transportación en coches era casi la única salvación de un número importante de personas. Por aquellos tiempos se estableció una tarifa de precios que casi siempre era redondeada a un peso por los propietarios de estos rústicos medios de transporte. A mi memoria llegan las imágenes de los horarios pico donde numerosos coches permanecían vacantes esperando por una persona pudiente que los alquilara (casi siempre costaban entre 20 y 30 pesos) en detrimento de los que se aglomeraban en largas colas.

Pero pasó el tiempo y pasó, un águila por el mar, y actualizando nuestro modelo económico retomamos viejas fórmulas y el sector privado pasó a tener mayor peso legal (si, porque antes se hacía casi lo mismo, pero ilegalmente). Cada vez que usted escuche hablar de actualización, debe imaginarse que los costos también se actualizan, por lo que por un mismo servicio deberá casi siempre desembolsar más. Así estos propietarios de vehículos con un caballo de fuerza vieron como a algunos trámites se les multiplicó por diez su valor, mientras que el “combustible” para el motor (entiéndase la alimentación del equino) también se encarecía. Herraduras, medicinas, arreos, etc. también subieron de precio por propiedad transitiva, mientras que en la selva de la economía cubana impera la ley del más fuerte llamada eufemísticamente de oferta y demanda. Como sucede habitualmente el batacazo más duro se lo llevó el consumidor final, en este caso la gente literalmente de a pie, que vio como desde hace aproximadamente dos años se duplicaron los coches y el costo del pasaje. Sigue leyendo