El maltrato al pueblo también viaja en Víazul

El que no viaja en guagua por Cuba no sabe lo que es la vida, da igual que sea local, intermunicipal, o interprovincial, el maltrato está casi garantizado. Cualquier suspicaz diría que no se puede generalizar y es cierto, existen excepciones que tan solo confirman la regla. El cubano de a pie, escaso de recursos en ocasiones hasta para montar un rutero local, pensaría que una de esas excepciones estaría a bordo de los ómnibus de Víazul, vehículos que un ínfimo porciento de mortales nacionales sin sangre de color añil o bolsillos con la gama de colores de los CUC han podido abordar.

El sistema de transportación por ómnibus Víazul está diseñado para exprimirle el bolsillo al turista foráneo, y su página de Términos y Condiciones  confirma que (al igual que con otras tantas empresas e instituciones) cuando tu dinero ingresa en sus arcas debes ponerle una ofrenda a la Virgen de la Caridad del Cobre para intentar recuperar lo que te corresponde por un mal servicio o simplemente, porque nunca lo utilizaste.

Impotente (y no porque la sangre no fluya) se siente entonces el cliente/usuario y quiere reclamar ante las once mil vírgenes, recalando finalmente en la vilipendiada prensa nacional. Desde las páginas del Trabajadores, Gabino Manguela, casualmente un periodista, sufrió en carne propia de los excesos de incompetencia y maltrato de Víazul, denunciando las numerosas irregularidades en el servicio que ofrece dicha entidad.

La ¿respuesta?, es más bien un compendio de justificaciones donde el cliente maltratado TIENE que entender a la empresa maltratadora, ya que el calor, la incomodidad y las goteras aparentemente también vienen incluidos en el precio del boleto. Si alguien tiene que pagar alguna consecuencia es la tripulación del ómnibus, el eslabón más débil de una cadena que se ramifica por toda la nación.

Se ha hecho común que la opinión sobre estos temas del ciudadano que vive bajo dominio .cu sea poco menos que ignorada, pues en Cuba existen decenas de monopolios que los tomas o los dejas, sin ninguna otra opción, pero el visitante foráneo puede tener otro punto de vista al respecto.

Si desprotegido se siente en estos casos el hijo de vecino, desconsolado debe sentirse el periodista que nota como los directivos de las empresas maltratadoras circulan en buenos vehículos, gozan de algunas posibilidades que escapan al cubano común, y lo peor de todo, no se puede decir ni pío en la prensa y mucho menos publicar nombres.

Causa risa lo serio que son estos problemas, a la vista de todos, que se tocan una y otra vez en cuanta reunión se inventa, pero que terminan lastrando la economía y los servicios de esta pequeña isla, que no conforme con el bloqueo de una potencia imperialista, cierra puertas y levanta muros desde adentro.

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