De cocheros, impuestos y otros demonios de la oferta y demanda

Voy tan solo hasta la primera de Tulipán (casi la mitad del camino), te dicen con la cara fresca como una lechuga los cocheros en Cienfuegos en los horarios picos. El precio obviamente es el mismo. Otros ni se inmutan en mirar a los desesperados que forman una larga fila mientras sudan a mares. Esos no les importan, ya por ahí aparecerá un necesitado que se estrujará el bolsillo para alquilarlos o uno de esos nuevos ricos que ahora pululan y que pasan despectivamente junto a esos humildes no tan nuevos.

Hace algún tiempo los cocheros en Cienfuegos incluso se fueron a la huelga para exigir mejoras en sus condiciones de trabajo y rebajas a sus impuestos.

Hace algún tiempo los cocheros en Cienfuegos incluso se fueron a la huelga para exigir mejoras en sus condiciones de trabajo y rebajas a sus impuestos.

Hace algún tiempo los cocheros en Cienfuegos incluso se fueron a la huelga para exigir mejoras en sus condiciones de trabajo y rebajas a sus impuestos. Fueron escuchados, fueron complacidos en muchas cosas, incluso deberán pagar tributaciones significativamente menores, pero no les basta, quieren más. Los menos, a los que tal vez les queda un ápice de vergüenza, intentan justificarse con que los alimentos, medicinas y herrajes están caros, deben ser adquiridos por la izquierda… Los más, simplemente te dicen que coche y caballos son suyos y hacen con ellos lo que les dé la gana.

Depravación humana en estado puro cuando arremeten a golpes, muchas veces bajo estado de embriaguez, contra el motor que con un caballo de fuerza impulsa su transporte. Insensibilidad sin límites cuando uno se aprovecha un día sí y otro también de la necesidad de nuestro prójimo para lucrar más que para vivir.

Por ironías de la vida, gracias a un sistema social contra el que muchos de ellos arremeten, ellos (los cocheros) y sus familiares nunca deberán en Cuba alquilar a un médico para que los operen, recibir la mitad de la anestesia que les corresponde, o pagar por los libros para recibir educación. Por ironías de la vida día tras día la cola está llena de desesperados médicos, maestros, y otros profesionales que le garantizan calidad de vida a quienes solo piensan en sí mismos.

El pueblo está cansado y grita basta, cada vez con menos fuerzas, cada vez con menos voces. De nada sirve apelar a valores humanos ante un bebé cargado en brazos, una embarazada, o varios representantes de la tercera edad. Los que tienen en ese momento literalmente el poder tomado por las riendas, fingen no ver, no escuchar, no darse por enterados. Los otros, desde el poder de un buró, la comodidad de una oficina climatizada, y las ventajas de un transporte estatal, dicen que no se puede hacer nada, que es la ley de la selva, digo, de oferta y demanda.

De leyes y trampas sabemos mucho los cubanos. Un SOS para la piquera del parque Villuendas en Cienfuegos.

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