American Sniper: Si Elpidio Valdés tuviera su Winche

Dice un amigo medio en broma/medio en serio, que los Estados Unidos son un imperio revuelto, pero que de brutos (por aquello de revuelto y brutal) no tienen nada. Agrega que solo saben hacer bien dos cosas: en este caso películas, y todo lo demás. Acabo de ver la película American sniper (El francotirador (España)/Francotirador (Latinoamérica)) estrenada el 11 de noviembre de 2014 y la verdad es que me daba un poco de pereza ver este film dirigido por Clint Eastwood, que ganó un Óscar por la mejor edición de sonido. En algún momento me hizo sentir pena por el protagonista Chris Kyle, y se me apretó un poco el pecho al ver las escenas reales del final donde el pueblo norteamericano rendía tributo a quien fuera conocido como “La leyenda” entre los soldados norteamericanos. Según Wikipedia, siendo francotirador se le confirmaron 160 bajas.

Enseguida regresé a la realidad. Nadie les pidió a los norteamericanos que invadieran Irak, es más, nunca se encontraron las supuestas armas de destrucción masiva ni se pudo demostrar el supuesto apoyo de Saddam Hussein al terrorismo, las excusas para maquillar intereses políticos y económicos. Ya sabía todo estoy sin embargo, en algún momento sentí pena por Chris Kyle, porque los “americanos” solo saben hacer bien las películas y todo lo demás. Dicen por ahí que Paul Joseph Goebbels, el ministro de propaganda de la Alemania Nazi decía que una mentira mil veces repetida puede convertirse en verdad, y los estadounidenses saben eso mejor que nadie. Por eso Chris Kyle fue un héroe, porque fue a Irak para defender a su país del terrorismo.

En Cuba mientras tanto seguimos con valores un tanto mojigatos en tiempos de pelados “al yonki” y calzoncillos mucho más arriba que los pantalones, lo que haría pensar una vez más al ilustre Máximo Gómez que los cubanos o no llegamos o nos pasamos. Mientras tanto el “enemigo” siempre pone por delante su bandera, hasta en los animados, impone en nuestro país lo que se ve en la TV, ya sea vía paquete o el “paquete” que ponen nuestros canales, y hace que nuestras criollitas envidien las curvas de Kim Kardashian o los criollitos viertan una lágrima por Chris Kyle. No tienen apuro, nosotros nos escandalizamos por unas mulatas vestidas con algo similar a la bandera cubana mientras que Obama se tomó una cerveza, espero que Cristal o Bucanero, en la Bodeguita del Medio. Porque eso si, usted no verá nunca jamás una serie o película norteamericana donde no salga la bandera varias veces e incluso los principales monumentos y edificios del país. Aquí nos damos con un ladrillo en el pecho cuando sale la cúpula del capitolio y tal vez el malecón de La Habana.

Ellos, “los malos”, continúan sin prisa, pero sin pausa con su doctrina de América para los americanos y no se refieren precisamente a los nacidos en otro lugar que no sea los Estados Unidos. Apelan al Destino Manifiesto, al nacionalismo y a la “libertad”. Nosotros, “los buenos”, a los mismos discursos de cuando Cuba era un territorio plagado de automóviles y analfabetos, olvidando tal vez que apelar al patriotismo y a una mala palabra con la que se llaman popularmente a los testículos, fue quien nos llevó a erradicar muchos de los males de antaño.

Para “vender” la Cuba de hoy tenemos oficialmente a Bruno en la ONU y a Josefina en las conversaciones con el país de los malos, mientras que las cintas rodadas en el país con nuestros paisanos reflejan tan solo una cruda realidad que no por cierta aporta mucho a nuestros principios y valores. Los Maceo tendrían que empinarse otra vez, el Mayor demostrar una vez más el valor de la vergüenza y Almeida gritar que aquí no se rinde nadie c…… para intentar motivar al público apático que tan solo se fija en las ruinas de La Habana, las prostitutas más cultas del mundo, o los que se van a puñados todos los días. ¿Qué hacemos para motivar a la gente?

El pobre Elpidio es un triste recuerdo que todavía hace reír a veces a más de uno con esos españoles tan tontos que no parecen uno de los mejores ejércitos de sus tiempos. El hijo de Juan Padrón se ha puesto viejo, está olvidado, envidioso tal vez de Astérix y Obélix a los que parece que el tiempo no les pasa por encima, porque hay cosas más importantes para nuestro gobierno y nuestro país, que un simple “muñequito” para los niños. Nadie siente pena por él, como la sentí yo por Chris Kyle. Su puesto está cubierto por tortugas ninjas y barbies. Por eso nadie sufre tampoco por la tuberculosis de Villena, el asma del Ché, la desaparición de Camilo, al final no son importantes. Duele más el aborto ficticio del culebrón de turno, la ruptura de la parejita de la novela de las tres o la muerte de Chris Kyle.

No sabemos vender nuestra historia a las generaciones que más la necesitan. Por eso Chris Kyle fue un héroe, porque fue a Irak para defender a su país del terrorismo según Hollywood. En tiempos donde casi nadie en Cuba lee, los cubanos solo somos héroes en los libros de historia. Si Elpidio Valdés tuviera su Winche seguro que el cuento sería otro.

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