¿Se puede criticar en Cuba?

La ley de leyes en Cuba, la Constitución, reconoce en su artículo 53 la libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista, lo que traducido en las palabras de Fidel a los intelectuales, sería algo así como “con la Revolución, todo, contra la Revolución, nada”. En tiempos de cambios trascendentales para nuestra sociedad todavía mantenemos como postulado aquello de que las opiniones deben darse en el lugar adecuado, el momento oportuno y con las formas correctas. Lamentable que para temas trascendentales existan pocos espacios de debates donde haya tiempo y formas correctas de discutir.
El tiempo y la vida nos han demostrado que aquellos espacios que debieran ser idóneos para ejercer la crítica, entiéndanse reuniones de UJC, PCC, CDR, FMC y sindicato, devienen en cebaderos de bostezos mal disimulados y hasta de algún pestañazo televisado. La mayoría de las veces la monotonía sirve de guía para estos temas debido a la presencia de ciertos inquisidores que, ante el menor atisbo de crítica a cualquier obra revolucionaria, vociferan, amenazan y hacen callar al despistado que se imaginaba estar en el lugar adecuado y el momento oportuno.
La tan llevada y traída “libertad de expresión” se traduce en Cuba a una necesidad impostergable de poder decir cuanto se piensa, en la manera de que se piensa, sea favorable o no al sistema. Hay que acotar que como bien dijo un economista cubano, cualquier tipo de problema en Cuba es un problema político, por lo que cualquier crítica, es una crítica al sistema, entiéndase, a la Revolución.
El cubano, más que criticar, tiene el imperativo de ser escuchado, y más que ser escuchado, necesita que alguien accione sobre la crítica sin tanta vaselina sobre los niños que no tienen atención médica en África, o los que no van a la escuela en Latinoamérica, verdades muy tristes, pero tras las que ya no podemos escudarnos más. Le hemos dado educación a nuestro pueblo, y ahora muchas personas pueden comparar las realidades en otros países, por lo que las excusas que desvían las conversaciones ya no surten el mismo efecto que años atrás.
Ni la supuesta sociedad civil encarna a toda Cuba, ni todos los cubanos se ven representados con el venidero congreso del PCC, algo que debería ser respetado por todos. No se puede atacar más a las personas para desacreditar sus ideas, aunque esas ideas sean incorrectas desde nuestro punto de vista. Si para debatir necesitamos imponer la fuerza o atacar a las personas, algo no está bien con nuestros argumentos.
Como revolucionario que no está de acuerdo siempre con todo, como cubano que cree que la sociedad civil es mucho más que la que fue al Teatro Nacional a escuchar a Obama, y como joven de nuestros tiempos, espero con ansiedad para ver como la militancia del PCC es ¿capaz de criticar? y poner el dedo sobre las llagas que más afectan a nuestro organismo que con forma de país necesita urgente de muchas acciones y de pocas palabras.

Tal vez en un futuro próximo pueda leer en la Constitución de la República de Cuba:
ARTICULO 53. Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa.

Soñar no cuesta nada.

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