Yo tengo un sueño

Yo tengo un sueño que a veces sueño despierto. Imagino que nadie quiere irse porque no hay necesidades, que todos quieren volver porque pueden decir lo que piensan. Como si el norte fuera el sur y los balseros salieran desde Miami, como si los niños nunca jamás debieran mirar los juguetes desde las vidrieras y preguntarse por qué los Reyes Magos no vienen a Cuba. Dicen que soñar no cuesta, pero aquí ya todo tiene un precio. Si es tan fácil comprar la moral de un cuadro no debería ser tan difícil comprar carne de cerdo, mucho menos soñar con el mañana por el que lucharon los que ayer dedicaron sus vidas para tener la realidad que hoy no es más que una utopía.

Aunque a veces sueñe jamás olvido, y me susurran al oído Varela, Maceo, Gómez, Martí, Villena, Mella, Fidel y otros tantos, que con el zurrón vacío pero con la vergüenza de Céspedes se puede despertar pobre, pero honrado, y si con doce hombres se podían ganar guerras imposibles, con once millones se pueden hacer sueños realidad.

Yo tengo un sueño en el que la historia solo llena los libros y no las barrigas de los que por no luchar toda la vida ya no son imprescindibles. En el que la política no cabe en la azucarera y donde no se le tiran piedras al vecino en el momento en el que pretendemos que nos de la mano. La arrogancia no está en el empedrado de las buenas intenciones pero también nos apura hacia el infierno. No se puede pulsear sobre las espaldas de quienes han vivido toda su vida en tiempos de vacas flacas.

Sueño con que no hay más bandos, solo cubanos y Cuba, cubanos por el mundo, cubanos en la isla, todos cubanos sin más distinciones ni afiliaciones políticas, solo amor por la Patria que se convierte en odio invencible a quien la oprime y rencor eterno a quien la ataca. Nadie más es electo para un cargo por su color de piel, su afiliación política o su sexo, sino por sus conocimientos y valía para el puesto. Los sindicatos defienden a los trabajadores porque existen por los trabajadores, están compuestos por los trabajadores, funcionan gracias al dinero que aportan los trabajadores.

Esos mismos trabajadores que en mi sueño no hacen malabares para regresar a un hogar digno, que cumplieron con su labor sin maltratar a otros, que no tuvieron que llevarse a casa parte del trabajo porque no necesitan llevarse nada más que su salario para llenar el plato de sus hijos.

En mi sueño no alcanzo a imaginar los hoteles por dentro, apenas vislumbro sus fachadas, tal vez sea porque hasta en mis ilusiones las vacaciones en este archipiélago del Caribe se inventaron para un puñado de los que visten con el color de la esperanza y otros pocos sin fuerzas para cargar algo por dentro porque les pesa demasiado lo que ya ostentan por fuera. Se fueron volando las gratuidades para los más humildes y con ellas los deseos de esas parejas de enamorados que aunque salvan vidas, educan a las futuras generaciones o cubren con vendas a la maltrecha economía nacional, jamás podrán conocer el sabor que tiene la luna bañada en miel y deberán conformarse con el sabor amargo de lo incomprensible.

Sin embargo no pierdo los deseos de soñar así como el cubano no pierde los deseos de reírse de sus propios problemas y amanece entre carcajadas para desperezarse. Ilusiones y realidades se entremezclan entre las risotadas de nuestra educación y salud gratuitas, grandes logros revolucionarios que mostramos al mundo más en la forma en la queremos que sean que en la realidad de tanta gente de a pie que no puede hacer otra cosa que soñar y reírse.

Cuba tal vez necesite de un reparador de sueños para tanto entuerto huérfano y a falta del de Silvio Rodríguez, (al que ya contrató Buena Fe para reparar corazones rotos) la solución no puede ser acudir a un sector privado que lo disfraza todo de oferta y demanda. Ya no hay genios de la lámpara que concedan deseos con un cupón, ni hacedores de lluvia que escuchen a nuestros corazones secos. Todavía podemos salvarnos pero para eso hace falta que soñemos todos junto mientras empujamos de este pesado carro hacia adelante con la verdad abriendo el camino al tiempo que los lastres de esta sociedad se van quedando atrás.

Yo tengo un sueño y no tengo miedo de soñarlo, aunque siempre algunos malintencionados con sus atrapa sueños quieran despertarme y privarme de la libertad de soñar. La gente no quiere irse porque no hay necesidades, todos quieren volver porque pueden decir lo que piensan. No hay nadie en el mundo que me pueda prohibir soñar.

3 pensamientos en “Yo tengo un sueño

  1. Tigre, el sueño se hace a mano y sin permiso. Yo tenía, pulgada más, pulgada menos, los mismos sueños…ya los he hecho realidad casi todos.
    Saludos…

  2. Pingback: Crisis migratoria de cubanos hacia Estados Unidos | Inside

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