A Cuba ¿no hay quién la cambie?

Estar enfermo en casa durante varios días me ha mantenido lejos de esas fuentes “perniciosas” de información que son los numerosos blogs que hablan del tema Cuba. Sin embargo cuando uno no tiene acceso a Internet escucha más a la gente de a pie quienes a diario siguen hablando de “la cosa”. Cuando la cosa (que generalmente es mala) está relacionada con corrupción, descaro y un toque de BURROcracia, la coletilla que pone punto final al asunto es “esto no hay quien lo cambie”.

¿Será cierto que nadie puede cambiar estos males arraigados en nuestra sociedad o es tan solo un fatalismo más que nos inventamos los cubanos para pasarnos como siempre? Hoy en día es habitual escuchar hablar sobre los “factores”, no los de las matemáticas, sino algunos que cuando les cambias el orden no estás seguro sobre cuanto producto faltará al final. Por eso cuando el ciudadano común se queja de “la cosa”, estos factores encargados de resolver “las cosas” andan muy atareados en sus propios mundos de reuniones, consejos de dirección y comisiones que supuestamente están para que los ciudadanos no tuvieran que quejarse tanto. La lógica elemental indica que cuando algo no funciona por lo menos debe ser modificado y muchas veces hay que simple y llanamente botarlo. Sin embargo las comisiones-reuniones-consejos de dirección siguen ahí y aunque las quejas y reclamaciones del pueblo se elevan, más se elevan los cuadros y los informes cual globos inflados con helio.

Pero a Cuba si hay quién la cambie, solo que en ocasiones no son los más “políticamente correctos” o tal vez confiables, ya que en la sociedad de estos tiempos y en cualquier parte del mundo la sinceridad ha dejado de ser una virtud para convertirse en el enemigo público número uno del estado, remember a los JulianAssange y Edward Snowden, reclamados por la nación “campeona” en derechos humanos y libertad de expresión.

Recuerdo cuando era niño que semana tras semana acudía a mi casa algún afectado por X motivo para que mi madre, maestra de profesión, le escribiera una carta al Consejo de Estado. Eran tiempos de vacas gordas y sin embargo existían descontentos que confiaban en esas comisiones que enviaba el Consejo de Estado a verificar quejas y reclamaciones. En la actualidad, y lo digo por experiencia propia, hay que conformarse con que ese máximo nivel en el que todavía cifran sus esperanzas algunos cubanos, funcione tan solo como enrutador enviando la queja al propio organismo o ministerio del que te estás quejando. Dice un refrán popular que “perro no come perro”, por lo que el mayor sinsentido es que la gente de la que te estás quejando resuelvan tus problemas.

Sin embargo Cuba si tiene quien la cambie, tal vez no sean miembros de la UJC o del PCC, tal vez se paren en cualquier esquina a gritar que menganito es un descarado que se ampara tras las consignas para “living la vida loca”, pero que sin embargo nunca se han llevado ni los granitos de arroz que cayeron sobre el mostrador de la bodega.

La sociedad cubana está urgida a buscar talentos entre el pueblo para el deporte, la cultura y sobre todo, la sociedad. Las famosas comprobaciones nacionales son tan solo un farol más para viajar por Cuba y almorzar sabroso, porque la más de las veces la guerra ultra avisada termina siempre matando soldados rasos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado, mientras que los cuadros dirigentes festejan haber salido mal una vez más en la comprobación.

Esto si hay quien lo cambie, y para demostrarlo estaba en Cienfuegos Nelson Torres durante los años negros del Período Especial más crudo y sin embargo la gastronomía sureña era vanguardia en Cuba y los cienfuegueros solo tenían palabras de elogio para con su dirigente. Salga ahora mismo a las calles y pregunte quien no dirige, tal vez se sorprenda con las respuestas.Es que el respeto se gana y el liderazgo nace con uno, por lo que es mejor aguantar locos soñadores con dignidad que no empujar bobos repetidores de consignas para ganarse un puesto.

Que los carros de los dirigentes duerman en las piqueras, veremos cuántas toneladas de combustible se ahorra el país solo por este concepto. Anunciemos la comprobación en Las Tunas y revisemos Cienfuegos aunque nos perdamos el almuerzo. Que cada municipio de Cuba tenga una oficina de recepción de quejas de la ciudadanía para que se tramiten al máximo nivel. Que la “sociedad civil” de nuestro país incluya personas que no sean dirigentes ni pertenezcan a la UJC o al PCC.

Son tan solo algunas ideas de cómo cambiar a Cuba, hay mucho más que se puede y se debe hacer. Aporten ustedes sus propias opiniones y veamos que sale, probablemente sea algo mucho mejor que lo que ahora tenemos.

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