Precios en Cuba: Arriba las manos, esto es un asalto.

Hace mucho que no posteaba para todos aquellos que transitan por la congestionada avenida .cu y que nunca han podido manejar aunque sea un ratico por la autopista .com con ramificaciones en .org y hasta en etc. Aunque algunos en su momento me acusaron de no hacer gimnasia (la verdad es que estoy un poco sedentario) y de beber magnesia (de seguro comprada por la izquierda) yo sigo pensando en morir como viví, y antes del momento fatal me conformo con escribir sobre lo que pienso y luchar por lo que creo.

Por todo lo anterior es que pienso, al igual que todo el que tiene medio dedo de frente, que los precios en Cuba más que elevados, son una agresión al consumidor, y creo que gran parte de la culpa la tiene Liborio, al que ahora le gusta que lo llamen Rockefeller. Sí, porque la inmensa mayoría de las veces aquello de que la causa de los precios elevados la tienentan solo el fisco, la ONAT, los inspectores y cuanta persona jurídica se nos ocurra, es tan solo la punta del iceberg con la que nos anestesian estos nuevos mercaderes (no precisamente de Venecia) para apuñalarnos con la onerosa multa. No es menos cierto que el estado puede poner su montaña de arena para bajar los precios,  y pondré un simple ejemplo de Cienfuegos, mi provincia:

Liborio es el pizero más derecho de Cuba y no compra nada por la izquierda. Adquiere en mercados estatales la harina (virtualmente desaparecida), el queso (virtual, implícitamente y por completo desaparecido), el puré de tomate (si, aunque algunos pizeros lo hayan olvidado, la piza lleva tomate, no mostaza), la levadura y la sal. A la hora de declarar al fisco los productos que puede justificar, puede darse con un rascacielos en el pecho si posee el comprobante de la levadura, porque los otros únicos papeles que tiene son los de envolver las pizzas. La realidad es que los mercados estatales (al menos en Cienfuegos) no emiten documento justificante alguno de la adquisición de estos productos, así que el pobre Liborio no puede justificarlos en la declaración jurada, y para no caer en la bancarrota, no le queda otro remedio que cobrar caro lo que pudiera no ser tan costoso.

Punto aparte sería anunciarse en “Ofertas”, el Revolico en .cu con posibilidades de un impreso de 16 páginas y una tirada mensual de 60 mil ejemplares. El anuncio más barato en papel, cuesta la friolera de 45.00 CUC (ni más ni menos que 1 125 CUP), pero para obtener este “octavo de bondad” (el anuncio ocuparía 1/8 de página) sería necesario contratarlo de 11 a  12 veces (12 375 CUP y 13 500 CUP respectivamente). Por el momento Liborio seguro que se queda con Revolico que hasta el momento es gratis y por si fuera poco, ¡viene en el paquete!

Como dije anteriormente, esto es tan solo una “ayudadita” que el Estado, cansado ya de tanto gasto innecesario, le da al cuentapropismo para que los precios sean aquí cinco pesos más baratos que en Beverly Hills, pero el sector no estatal en ocasiones ayuda ¡y de qué manera! Si Pizarro se paseara por la Cuba de estos tiempos, de seguro que no hubiera ido al Perú en busca de oro y plata, sino que hubiera  traído a CubaSolanumtuberosum(al menos lo que dejara pasar la Aduana), y tras guardar la armadura de conquistador, empujando  una carretilla por la mayor de las Antillas pregonaría: La paaaaaaapaaaaaa, laaaaaaaapaaaaapaaaaa, seguido de un precio impublicable.

El carretillero/conquistador o más bien, corsario o pirata (si tiene o no patente), puede alegar que así de cruel y salvaje es la cadena alimenticia, y que no solo de papa vive el hombre. Un par de zapatos que dure más allá de la primera puesta (se entiende que de artesanos) cuesta, la propia carretilla que empuja gracias a las rueditas que alguien le robó a los contenedores de basura, cuesta, y la carne de nuestro mamífero nacional (alimentado con caviar de seguro) cueeeeeeeeeeeesta.Si usted todavía no está convencido por estos argumentos, un sonoro “la mercancía es mía, y la vendo al precio que me dé la gana”, le demuestra que es comprar, o no comprar, porque será más complicado que esta persona le baje el precio a que conozca a Hamlet.

Así desgraciadamente se comporta esta cadena de agresiones/maltratos, que laceran nuestros bolsillos y amargan nuestras vidas. Nadie puede escudarse tras la oferta y demanda cuando el ajo pulula en nuestras calles con dientes de oro. La técnica de guardar pan para mayo, o frijoles para cuando no hay, es tan válida como cualquier otra, pero su precio final nada tiene que ver entonces con el combustible para el riego, fertilizantes para las plagas, o impuestos de la ONAT. Es el sálvese quien pueda en estado puro, la ley del más negociante, el cubano pisando al cubano.

No contentos con imponer altísimos aranceles a sus productos, estos mercachifles te timan al menor atisbo de inocencia por tu parte, algo por lo que la ONAT no da bonificaciones. Años de experiencia o cansancio han vuelto reacios a la protesta a gran parte de nuestros vecinos, que voltean para otro lado la mirada para no ver cómo les vacían los bolsillos al tiempo que violan el peso, cantidad o calidad de su mercancía. Señores, si van a pagar caro, qué al menos les den lo que les toca.

Da igual que esta guerra se combata con balas salvas (CUP) o trazadoras (CUC), las víctimas colaterales abundan y lo peor, en lugar de sacar bandera blanca añoramos unirnos a esta pelea sin importar a quién atormentemos. Los maestros de tus hijos, los médicos de tus padres, tus vecinos de toda la vida, también son cubanos que se ríen con Pánfilo (el de vivir del cuento, que conste) y lloran cuando Cuba se lleva solo la medalla de la dignidad, pero más importante, que inciden en tu vida y la de aquellos que amas. Trata a los demás como quieras que ellos te traten a ti. Dar el primer paso para mejorar nuestra comunidad y acercarnos al país que queremos no depende de conversaciones, cumbres, foros paralelos o asalariados SINA, depende de nosotros.

Vive y deja vivir. Compra y deja comprar. Dejémosle a las TRD y a las concesionarias de autos los disfraces de pistoleros, para que con ellos aborden a los confiados clientes que van a adquirir cualquier producto y les espeten:  Arriba las manos, esto es un asalto.

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