Veinte preguntas a quién pueda responderlas y un reclamo desesperado (I)

Me despierto, otra vez la rutina de ver como el techo añejo en la sala donde está mi cama me hace guiños entre sus  parches. Otro día similar al de ayer y casi copia del de mañana. Algo va mal, lo sé, me lo dicen las noticias del televisor resaltando los niños que esos tipos sin alma asesinaron, o el golpe de estado, la invasión, el hambre y la miseria… El mundo se ha vuelto loco, pienso al tiempo que recuerdo que en muchos lugares de Cuba está prohibido hablar de “la cosa”, porque la cosa está de p…., porque a veces morirse uno mismo no es lo más malo que te puede pasar y porque en definitiva a los que pueden cambiar “la cosa”  no les gusta que nosotros hablemos de ella.

¿Quién carajo decidió poner a esos tipos para que decidan lo que yo puedo o no pensar? No tengo idea, pero el primer paso para aceptar un problema es reconocerlo, y aquí es muy difícil porque los problemas en Cuba casi nunca tienen papá. Muchos vendieron los alimentos, las ropas y los juguetes de sus hijos y se fueron “pal Yuma”, tal vez sin saber que en Arizona hace más calor que en Santiago de Cuba. Otros simplemente abandonaron frente a todo el mundo a sus hijos/problemas mientras que los carneros a su alrededor pastaban entre la moringa y la soya. Todos lamentaron el problema pero nadie atajó a los que les dieron a luz. Es la rutina de ayer, casi copia de la de mañana.

Pero también hay algo distinto, diferente en el ambiente, y no es la falta de desodorante para mitigar los olores del calor. Tal vez por beber tanta agua sucia y con olor a pescado se nos ha metido un cáncer adentro que le afloja la lengua a la gente que no sabe hablar tan lindo, que no usa palabras tan cultas, pero que siempre va al meollo del asunto. Todo el mundo en Cuba entiende cuando alguien dice que hay que pulirla para conseguir “la jama”, peroKikazaruel monito, presta atención desde el gobierno tapándose las orejas al tiempo que Iwazaru no puede responder porque las manos sobre sus labios se lo impiden, y lo máximo que puede hacer es mandarnos con Facundo Correcto para que en Vivir del Cuento de una respuesta prefabricada y absurda. Mizaru no vio nada y el populacho que si vio, que si escucho y habló, se contenta con llegar temprano a su casa después de desahogarse, y que la lluvia no provoque un apagón que les impida disfrutar del culebrón de turno que ayuda a bajar por el gaznate la ¿comida? apta para cardiacos y aquejados por la gota.

Tal vez alguien por ahí escucha o al menos lee, no sé si con buenas o malas intenciones las coas que los piojos comentan, porque como se decía en mis años de adolescencia, “gente son los piojos”. Yo tengo las mías, mis cosas que decir, no mis “piojas” y las digo donde me quieran escuchar y a veces incluso donde no quieren, pero no me importa.

Porque la mayoría de los de arriba viajan cómodos y cuando se van para una terminal es para dar una vuelta en la Vía Azul, esas guaguas que se parecen mucho a las otras pero a las que les falta una hilera de asientos para que los no nacidos en China también puedan viajar cómodos. Si les quitáramos los carros a los dirigentes al tiempo que los contagiamos con Tritanopia ¿perderían las Astros una hilera de asientos y bajarían finalmente el costo de sus pasajes? Al paso que vamos los nietos que no tengo estarán todavía pagando estos ómnibus, al tiempo que los retoños de los dirigentes estarán justificando el problema con lo difícil que es contratar un dromedario en el desierto.

Es que aunque Cuba ya casi no batea en la arena internacional, en el pitcheo tenemos tanto talento que incluso con los lanzadores que nunca fueron atletas y que ahora son dirigentes podemos asumir compromisos internacionales. No usan la lomita, lanzan desde su posición de “cuadros” y hábilmente van maniatando con sus curvas a una prensa que a pesar de ser zurda se pone a batear a la derecha en un juego previamente amañado. Por eso si alguien osa comentar a estos intocables que probablemente nunca hayan oído mentar a Eliot Ness, sobre la enorme falta de conocimientos elementales de nuestros niños y jóvenes, seguramente escucharemos una respuesta relacionada con los grandes problemas que existen en el África subsahariana. Pobres de ellos, pobres de nosotros.

Peor aún, pobre de nuestros niños. Esos mismos chiquillos que hoy en día solo comparten uniforme porque lamentablemente ya hasta la decisión de a qué escuela asistir no se corresponde con su lugar de residencia sino con el nivel de vida de sus padres. Sería interesante que esos mismos progenitores de sangre o crianza, que a diario llevan a sus hijos a la escuela en el carro de los trabajadores como decía el difunto Lindoro, le explicaran al resto que los miramos pasar vacíos frente a los puntos de “amarillos”, cómo se las arreglan para que las dos bolsas de soyurt que les venden una vez por semana y que solo duran tres días, les alcancen para el desayuno de las restantes jornadas.

Es que cuando nuestra descendencia está en esa difícil etapa de entre siete y trece años, no es tan solo su alimentación lo que preocupa. Como buenos padres ya pensamos en el futuro y su formación profesional es algo muy importante. Tal vez por eso me desvela ver cómo nuestros dirigentes envían a su prole a estudiar a la universidad cuando el país lo que necesita son obreros calificados y trabajadores de la agricultura y la construcción según ellos mismos. Realmente uno no sabe a quién creerle y en quien confiar, porque luego desde las tribunas se nos pide el sacrificio en aras de la sociedad.

Esa misma sociedad es la que va masivamente a desfiles y actos de manera voluntaria, por eso todos los centros de trabajo tienen la “iniciativa” de pasar lista para posteriormente descontar salarios y quitar estímulos a los que voluntariamente decidieron no asistir. Pero nada, la gente va para reafirmar algo: si no asistes no cobras. Yo sé que no hay que preocuparse, que pronto a la gente le va a importar más  asistir a los desfiles porque sus salarios van a subir. Ahora en todas las empresas pagarán siempre desde un piso más arriba, porque el que piense que la productividad va a subir con estos salarios es porque el café/chícharo de la cuota le alcanza para todo el mes.

La economía es algo tremendo. Yo jamás he podido comprender cómo los que no trabajan están casi siempre mejor alimentados, mejor vestidos y con mucho más acceso a lo que la Constitución de la República dice que es para todos en Cuba. Sé que desde hace mucho en Cuba algunos son más iguales que otros, por eso nuestros dirigentes que salen justificando las cosas ante la prensa casi siempre están mejores alimentados que el resto. Esos son los sufrimientos, me digo siempre, pasarse todo el santo día reunido resolviendo problemas con… la palabra, es algo extenuante que le eleva el nivel de estrés a cualquiera. Ellos se merecen esas vacaciones en Varadero y en los cayos, porque hay que recuperar fuerzas para volverles a caer encima a los mismos problemas de siempre que no se resuelven nunca.

Cuando me encuentre una lámpara, que en estos tiempos debe de ser recargable, voy a rotarla para ver si sale un genio y solo le voy a pedir un deseo. Instaurar la semana del cuadro cubano. Durante esa semana vamos a velar todos por la salud de esa gente que casi siempre está cuadrada. Desayunarán con el pan de la cuota, que por su bajo contenido de grasa les ayudará con el colesterol, y por sus 48 horas de elaborado serán toda una prueba a su fuerza de voluntad. Para acompañar el pan les asignaremos dos bolsas de soyurt para toda la semana (aunque solo se pueden tomar durante 72 horas). Al mediodía les serviremos un arroz de la cuota y la cantidad mensual que les toca de pollo por pescado, esto último deberán repartirlo a conciencia por el resto de la semana. Parquearemos unos carretilleros enfrente para que les oferten vegetales y hortalizas complementarias, así que espero que hayan cobrado. En las noches hay que comer ligero, así que la mejor oferta será una ensalada de moringa. Para ejercitarse nada mejor que cerrar sus carros en el parqueo y obligarlos a montar camello. Todo esto no debe de ser un problema ya que es la rutina diaria de millones de cubanos.

Y me pregunto:

1.       ¿Hasta cuándo el cuento de que los pasajes de Astro costarán menos cuando se paguen los ómnibus (impagables)?

2.       Ya la pregunta no es si será necesaria, sino cuándo haremos en Cuba una segunda Campaña de Alfabetización.

3.       Si los niños son la esperanza del mundo, ¿por qué no nos preocupamos un poco más por la alimentación de nuestros niños, ya no de toda la población?

4.       ¿Hasta cuándo la política vigente en Cuba será haz lo que yo digo, no lo que yo hago?

5.       ¿Algún día se publicarán los costos para nuestra deprimida economía causados por nuestras marchas multitudinarias y de “reafirmación”?

6.       ¿Por qué a las empresas que SÍ son rentables en Cuba no se les sube el salario?

7.       ¿Cuándo se va a actualizar nuestra Constitución, sobre todo en lo referente al trabajo? artículo 45o.-El trabajo ¿es remunerado conforme a su calidad y cantidad?

8.       ¿Hasta cuándo dirigentes incapaces nos van a estar dirigiendo y burlándose del pueblo debido a una política de cuadros ineficiente?

9.       ¿Por qué Liborio debe pagar una y otra vez por los errores de nuestros cuadros a la hora de ejecutar inversiones?

10.   ¿Por qué personas con resultados negativos en los lugares que dirigen siguen gozando de privilegios que estampan en las caras de los cubanos de a pie, al tiempo que exigen más sacrificio?

Continuará…

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