Nuevas resoluciones de la Aduana de Cuba o la otra gran estafa

Pero cómo no voy a quererte/ ni de juego quiero irrespetarte/ lo que pasa es que tanto te quiero que con la sonrisa no voy a engañarte.

(Gracias por el fuego, Buena Fe)

Una famosa frase nos advierte que “el camino hacia el infierno está plagado siempre de buenas intenciones”. Desde que tengo uso de razón y acceso a varias fuentes de información me he dado cuenta de que en estos años recientes de Revolución hemos tenido un montón de buenas intenciones con dos montones de malas consecuencias. Como ya se hace costumbre en mis escritos aparece entonces la figura de Liborio, ese cubano con cara de carnero degollado que carga sobre sus hombros las consecuencias negativas de esas “buenas intenciones” no siempre tan honestas.

Cuando aún era un adolescente mis padres me contaron de cierto ministro o miembro del gobierno a muy alto nivel que con ¿muy buenas intenciones? elevó el precio de los cigarros y el ron. Bajo el supuesto de un beneficio para la economía se aprobó esta ley de la que luego el personaje se burló a su llegada a Miami y no precisamente como embajador de buena voluntad, al menos no para el pobre Liborio.

Ahora la edición impresa del Granma con fecha 11 de julio de 2014 me informa sobre las nuevas resoluciones que ha emitido la Aduana de Cuba sobre la importación de productos. Con la mejor de las intenciones y seguramente siempre buscando favorecer a los que menos tenemos en Cuba, se ha emitido la Resolución no. 208 que sustituye a la no. 122 del 2012 y dispone que a partir de este momento el valor de importación de un kilogramo (kg) es ahora de 20 pesos para los artículos que clasifican como misceláneas mediante envíos por vía aérea, marítima y postal, al tiempo que mantiene el límite de 200 pesos, por lo que ahora se reduce a 10 kilogramos el peso permitido para estas cargas.

Según una de las versiones sobre una frase atribuida a Edward A. Murphy Jr. si hay más de una forma de hacer un trabajo y una de ellas culminará en desastre, alguien lo hará de esa manera (la Ley deMurphy) .Al parecer este es uno de los principios que se tienen en cuenta a la hora de una supuesta flexibilización en Cuba, o al menos una adaptación de esta ley que siempre hace al cubano preguntarse en donde está la trampa. Algunos ejemplos son:

  1. Sustitución de arroz por harina y pastas en las bodegas. Ojos que te vieron ir, jamás te verán volver.
  2. Revolución energética. Más comodidad para las amas de casa. Ahora en lugar de largas horas arreglando sus cocinas de kerosene pasarán largos días con sus ollas y hornillas rotas por falta de piezas de repuesto. Como las modas son cíclicas, otra vez los pikes están de vuelta. Ni hablar de que a los pocos días el costo de la electricidad se elevó al infinito y más allá.
  3. Los ómnibus Yutong al parecer son impagables. Debemos seguir pagando como si viajáramos hasta China pero en tamaño chino (chiquiticos en los asientos) por un viaje no tan cómodo, en carros no tan nuevos, y con una atención no tan buena, pero con precios SI TAN CAROS.
  4. Nueva ley migratoria. Ahora el cubano puede viajar al país que lo quiera (no a donde quiera) pero hay que destacar que de la mano de la nueva disposición aduanera ha sido suscrita la Resolución no. 300 del Ministerio de Finanzas y Precios la cual establece que el abono de los aranceles por los envíos antes mencionados es en CUC. Si usted recibe en Cuba un paquete con un peso de 10 kg “solo” deberá abonar 170 CUC, o lo que es lo mismo 4 250 pesos MN. Me parece que es más barato ahorrar para que saque pasaporte y visa.

Supuestamente estas leyes que entrarán en vigor a partir del 1 de septiembre, están encaminadas a combatir las importaciones con carácter comercial por parte de las personas naturales. El objetivo real es que el pueblo acuda a las deprimidas tiendas recaudadoras de divisas (TRD) y gaste sus ahorros en productos con mala calidad (cuando existen), con una escasa o nula garantía y a precios que resultarían de ensueño para los mayoristas. Imagino que si uno de esos chinos que con sus tiendas y bodegas inundaban esta isla en la época republicana se enterase del margen comercial que percibe el Estado en estas transacciones, ahí mismo caería fulminado por un infarto ante tamaños precios buitre (ahora que el animalito está de moda).

Una funcionaria aduanera informó en el NTV y sin pestañar, que la idea es que el capital se quede en Cuba, aunque yo sigo con mis dudas sobre si pagar con dinero basura alias CUP y CUC le cambiará la cara a una deprimida economía cubana que con una edad geriátrica está aprendiendo ahora a gatear sin que alguien le tome de la manita.

Para un pueblo acostumbrado a que la compra de un desodorante se convierta en la búsqueda del Santo Grial, estas leyes no son más que otra puñalada trapera que solo hiere, pero no desangra su economía porqueestaya no tiene nada más en sus venas. Las ventas de ropa proveniente del exterior que nunca han cesado, no van a cesar, tan solo elevarán su precio proporcionalmente al incremento del pago “por la izquierda” en las aduanas. Los equipos electrodomésticos seguirán viniendo del exterior, ya que a pesar de tener que pagar el equipo, el pago en ambos aeropuertos, los sobornos y el pago a “la mula”, todo este conjunto solo será una fracción de lo que cuestan en las TRD con menos garantías que el soyurt (que a los tres días, siendo optimista, no sirve).

Una vez más se dice que se busca un reparto más equitativo para todo el pueblo, pero las consecuencias más negativas siempre les caen encima a los que menos tenemos. Adiós a las canastillas “humanitarias” que ayudaron a tantas madres desde el exterior, ahora será más fácil pagar nuestra libra de carne al Shylock de la oferta y demanda. Y este es solo un ejemplo. Todos conocemos que hay muchas cosas impagables para la mayoría de los cubanos, incluso para muchos con familiares en el exterior.

Desafortunadamente nos hemos vuelto un país donde impera el consumismo para desgracia del 99% de los cubanos. Estas nuevas leyes y de seguro las próximas por venir sembrarán en cada cubano la idea de la fe y la esperanza,hasta en los que nunca hemos creído. Roguemos entonces cada uno dentro de nuestra fe, que nuestro pueblo tenga la esperanza de que con su mismo único par de zapatos, con su mismo único pantalón, y con su mismo salario que nunca llega al fin de mes, no pierda la alegría que nos caracteriza para burlarnos de nuestros problemas. Las nuevas leyes ahora mismo invitan a la risa.

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