Fabricando un líder o los que nunca comieron moringa

Se nos fue para siempre el maquinista del Tren de la música cubana. Formell fue mucho más que unas pocas líneas en la página 14 de un Granma dedicado a cantar odas a todos aquellos que tuvieron que desfilar para no perder salario, divisa o “jabita” en Cuba. Después fue homenajeado en otras ediciones, pero primero “el Primero”. También se fue Ernesto López Domínguez, otro militar ubicado en asuntos civiles para los que en Cuba no se confía en civiles. Todas las semanas se monta en la barca de Caronte (¿con cuál moneda habrá que pagarle?) alguien que en su momento hizo algo, o al menos ocupó un cargo en el que debió hacer algo por este país. El tiempo pasa y los infartos y el cáncer no perdonan en Cuba.

“Nuestros viejitos” de la Sierra y el Moncada cada día son menos y las nuevas generaciones tienen la misma experiencia en cargos directivos “de verdad”, como el resto de los cubanos que no se llaman Arnaldo Tamayo Méndez en cosmonáutica. Cuba mandó a sus militares a Angola para vivir una guerra “de verdad”, ahora los manda a dirigir el ICRT, las TRD y el resto de las empresas, mientras los jóvenes que no visten habitualmente de verde olivo se preguntan, ¿entonces, cómo quedo yo?

Al parecer, demasiado tarde como casi siempre, nos hemos dado cuenta de que las ambrosías del poder corrompen a casi cualquiera, llámese o no Carlos (Lage y Valenciaga) y ahora, también demasiado tarde, proponemos límites de tiempo para ocupar un cargo específico, pero la persona en cuestiónsiempre puede rotar por muchos puestos importantes, tal y como el carnicero del barrio rota por toda la ciudad para regresar al mismo lugar de donde salió. Curiosamente la idea salió de los mismos que se han pasado varias veces de los límites.

Los viejitos, y los no tan viejitos que ya han sido “probados” (¿habrá que testearlos para comprobar si tienen bugs?) se nos están muriendo. La antigua escuela de dirigentes (la Lenin) al parecer se ha convertido en una escuela de inmigrantes y no precisamente por los que vienen. Como desde los indios nos hemos acostumbrado que a falta de pan se resuelve con casabe, ahora dejamos los cargos menos importantes (y con menos ventajas) para que la juventud se forme sobre la marcha en asuntos sin importancia. Aplicando la fórmula de que si es negro es mejor para ser dirigente, y que si es negro y mujer (del sexo femenino, ahora hay que especificar) mucho mejor, nos encontramos a más de un “cuadro” que no tiene la menor idea de cómo defender a favor del pueblo esa primera línea de maltrato, digo, de contacto, que representa su cargo.

Los de “afuera” (foráneos y nacionales), redundan hasta el cansancio de que en Cuba se forman meras máquinas repetidoras, por lo que los servicios de inteligencia allende a los mares y océanos del mundo pero que rinden cuentas ante el mismo jefe, se ocupan y preocupan por formar otras máquinas repetidoras Made in Cuba, pero que hablen en otro lenguaje. Al final la idea de la mayoría de los de adentro y todos los de afuera es formar androides que respondan a casi todos los intereses que para nada son la prioridad de los que formamos parte del Tercer Estado.

No es lo mismo ser jefe que ser líder. Al jefe se le teme, al líder se le sigue. El jefe ordena, el líder convoca. Muchos de nuestros viejitos de ahora fueron los líderes de ayer, pero si ahora mismo usted me pregunta por alguien con la capacidad (y los huevos) para controlar una multitud enardecida como la de La Habana en 1994 sin disparar un tiro, tengo que dar la callada como respuesta.

Es que con los apuros por negociar deudas y controlar las cosas que “descentralizamos”, hace mucho que nos olvidamos de buscar talentos de todo tipo y por eso hay poco relevo en el deporte y mucho menos en el liderazgo. Reza un proverbio chino que el clavo que sobresale recibe siempre el martillazo, y a golpe de porra tenemos personas muy buenas en decir “señor, si señor”, pero que no saben qué hacer cuando por sus propios medios deben decidir que ingredientes usar para una limonada.

Nunca he dudado de la capacidad intelectual del Comandante en Jefe, pero se me hace un poco difícil digerir que ideas que se caen de la mata hayan tenido que esperar porque a él se le ocurran. El problema viene de que a fuerza de tirones de orejas la gente ha comprendido que como siempre digo, ellos no están capacitados para pensar, y mucho menos tienen autorización para expresar lo que piensan. Tal vez sea este el motivo por el que las masas se beben litros de infusión de moringa para mantener sus cerebros en unstandby que con el tiempo se convierte en un modo de vida.

Surge entonces la pregunta del millón de pesos ¿no hay en Cuba relevo para dirigir el país y guiarlo o encaminarlo (según se avance primero con la patica izquierda o derecha)? Paradójicamente a todo lo anterior, la respuesta es afirmativa. Dirigentes hay, pila, burujón, puña´o, o como le dijera alguien una vez a Fidel: obreros puedo mandarte pocos, pero jefes, todos los que quieras. Nunca nadie dijo que todos los jefes sean buenos o que nos vayan a guiar por el camino correcto, y eso que Raúl trata de que los mecánicos no inseminen vacas mientras los veterinarios vacunan tractores.

La necesidad es la madre de los tomates y los cubanos por eso tenemos muchas madres y muchos de “nuestros mejores hijos” tienen carestías reales o inventadas, que les impiden ser buenos dirigentes, amén de no poseer dotes de guías y no precisamente de turismo. Si en Estados Unidos la gente no confía en el Congreso, en Cuba no se confía en casi ningún dirigente, aunque al menos los del norte saben exactamente cuántas personas piensan que están mal dirigidos.

Los líderes formados con la doctrina del norte, hasta el momento han resultado más falsos que la carne que dicen que tiene el picadillo de soya. Si usted indaga en la calle se dará cuenta de que muy pocas personas los conocen, y los que lo hacen, no se olvidan de huelgas de hambre con aguacates incluidos en el menú. Es que son como Chacumbele, ellos mismitos se matan. Los líderes formados en Cuba son como… como… bueno, exactamente no sabría decirles porque no conozco personalmente a ninguno con menos de 60 años, pero supongo que existan al menos un par.

El general y filósofo chino SunTzu escribió en su tratado “El arte de la guerra”, que “el liderazgo es una cuestión de inteligencia, honradez, humanidad, coraje y disciplina… Cuando uno tiene las cinco virtudes todas juntas, cada una correspondiente a su función, entonces uno puede ser un líder.”

Inteligencia hay bastante en Cuba, sin importar ideologías, la suficiente incluso para saber que repetir para ascender en el gobierno, y como callar, hasta que los verdes del norte aceiten nuestras lenguas. Lo más complicado que encuentro es el tema de la honradez, y no precisamente porque haya personas que engorden sus bolsillos, ya que no solo de aguacates vive el hombre. El pollo del arroz con pollo es que usted no pude tener una idea en CUP y otra en CUC, como tampoco reservarlas para fin de mes que es cuando le recargan “la tarjeta”, si como dice, solo piensa en el bienestar de los cubanos. El tema de la honradez se pone también complicado, porque estos líderes de producción en serie son mentirosos compulsivos, sin importar si son fabricados con norma china (increíblemente siempre la “mejor” para Cuba) o engañan bajo NTSC, al parecer porque no se dan cuenta de que la realidad cubana es mucho más increíble que cualquier ficción.

Ahora en Cuba confiamos para todo en los militares, que deciden desde si se va a proyectar o no una película, hasta con cuantos días de antelación tiene que solicitar una entrevista un periodista en una TRD, considerada ¡¡¡zona militar!!! A cambio reciben subsidiadas (¿que no se habían acabado los subsidios?) las mil y una cosas hasta con viajes a los cayos incluido. Lo que me preocupa es lo que pueda pasar cuando viajar a los cayos no sea ya lo suficientemente atractivo, cuando la Universidad de La Habana no sea lo suficientemente buena para el hijo, y cosas por el estilo. Al final, ellos tienen las armas, recuerden por qué realmente fusilamos a 8A.

La juventud cubana se comienza a definir como apolítica, si es que eso fuera posible en Cuba, y aunque todavía quieren ser médicos, ingenieros y abogados, ahora lo quieren ser para irse de misión, para así poder irse de misión… permanentemente. De esos muchachitos que hablaban tan bonitos como Robaina (del que casi nadie se acuerda) y Hassan Pérez, ya nadie se fía, tal vez porque repetían de memoria un discurso que al final casi todos ellos traicionaron. La gente de esta ínsula puede perdonar pero no olvida.

Cuando se levanta la mirada y se buscan otras opciones, el camino es todavía más confuso.   Según el DRAE:   “disidir” (Del lat. dissidēre) significa «separarse de la común doctrina, creencia o conducta» y “disidencia” (Del lat. dissidentĭa) «f. Acción y efecto de disidir» o «f. Grave desacuerdo de opiniones». Si apartamos a un lado los estigmas políticos del término a lo largo de un siglo y confiamos en el diccionario, al final tenemos en Cuba una juventud casi totalmente disidente con graves desacuerdos de opiniones sobre cómo manejar las cosas en el país.

Esta juventud discrepante aunque tienen puntos en común con los tradicionales disidentes, aspira más a un cambio económico que a un cambio de escenario político. Ya no confían en que una, o varias personas hagan cambios significativos que por fin beneficien al de a pie, y ponen todas sus fichas en una posible salida temporal o definitiva del país que les permita con un salario vivir, vestir y comer decentemente. Persiguiendo estas aspiraciones que nada tienen de descabelladas, se escapan decenas de posibles dirigentes, con dotes reales y deseos de cambio, tal vez demasiados para muchos de los que hoy dirigen, pero necesarios en un país donde el 99% de la gente se mueve por la inercia de que hay que echar algo en la barriga al terminar el día.

Ahora mismo si sale cara, pierde el pueblo, si sale escudo, ganan los que no están a favor del pueblo, entonces ¿cómo quedo yo?

Un pensamiento en “Fabricando un líder o los que nunca comieron moringa

  1. Arian, lo peor de todo es que tu, como los demas repetidores fieles y leales dices que los que se le oponen a la politica gubernamental cubana son unas basuras, los dirigentes historicos son super heroes, el pueblo cubano es muy sacrificado y todo el mundo se esta jamando un cable con la nueva realidad (incluyendo la inexperiencia de los nuevos dirigentes).
    Mi pregunta es: ¿QUE PODRIAS HACER TU DE FORMA ACTIVA Y EN LA PRACTICA, COMO REVOLUCIONARIO, PARA CAMBIAR LA REALIDAD QUE SE ESTA VIVIENDO EN CUBA?
    …………………….
    Dejame ayudarte un tantico con la respuesta: NADA! O sigues lo que dicen los viejitos y gritas constantemente Viva Fidel y Raul o sales por el caballete. El gobierno cubano odia los disidentes pero aun mas los revolucionarios “por cuenta propia”. Ustedes estan mas estancados que un “jan” y constantemente esperando por los 4 o 5 que deciden que se va a hacer. !Dura la vida de un seguidor de lideres!

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