Crónicas de una botella

 

Cubanos a la espera de su "botella". Fotos: 10k

Cubanos a la espera de su “botella”. Fotos: 10k

No se preocupen, no soy tan bebedor como para imaginar ya que la botella me habla. Lo que viene a mi mente son los recuerdos de mi poca experiencia como “botellero” o “autoestopista”, según queramos cubanizar o internacionalizar la palabrita que al final significa lo mismo: Qué usted depende de la buena voluntad de otras personas para trasladarse.

Aunque películas, series y hasta videos clip, nos han vendido la facilidad de levantar el pulgar y que este como varita mágica haga detenerse a los autos, no hay nada más lejos de la realidad. La idea no es ni mucho menos cubana, y ya desde la década de los 70 en las autopistas norteamericanas se practicaba esta especie de arte. Imaginen si la cosa tiene su cosa, que existen incluso escuelas para botelleros, clubes, páginas web y hasta eventos internacionales. Y es que cuando la necesidad obliga y el camino es largo la vergüenza y el temor se quedan a un ladito. Cuando se le coge el gusto incluso se quiere compartir las experiencias con otros “colegas”.

En nuestro país es normal ver a las personas extender un brazo (casi siempre el derecho) formando un ángulo de 90 grados con respecto al cuerpo. La señal más universal es el famoso pulgar hacia arriba, aunque existen gestos que nos pueden parecer raros, como enseñar la parte trasera de la mano con el dedo índice levantado, algo habitual en Sudamérica. Cada uno tiene su técnica, pero no quedan dudas de que el trigueño más bien parecido de este mundo no puede competir con la flaca más flaca (de esas que tienen que pararse dos veces para hacer sombra) cuando de parar… botella, se trata. Qué decir de esas criollitas tropicales que parecen sacadas del pincel de Wilson, y que sacan con gracia la cadera mientras que con cara pícara te invitan a hacerte el favor de que disfrutes de su compañía mientras las llevas a donde desean.

La mímica de nuestros choferes es también digna de admirar y destacar. A veces te señalan hacia adelante: Voy hasta ahí mismo, aunque luego de que comienzan a perderse en la lejanía del horizonte nos surjan enormes sospechas sobre si el ahí mismo de ellos podría ser también el nuestro. El índice girando en redondo te explica que van a dar la vuelta, no se sabe si 5m más adelante, o en la China, pero usted puede tener la seguridad de que en algún lugar el conductor piensa dar vuelta. Todos los dedos apuntando hacia arriba y con la mano que parece estar llena, indican que la capacidad del vehículo está completa, la más de las veces por un portafolios o algo así con características tan sobrenaturales que son capaces de ocupar a voluntad todo el espacio. Claro, siempre existen buenos samaritanos que luego de detenerse, revelan con sus dedos cuál es la tarifa que se debe abonar para seguir viaje, no importa que el vehículo sea estatal. Incluso podemos llegar a ver a algunos con relaciones “místicas” que pueden llegar hasta a apuntar hacia arriba, indicando al parecer que siguen un camino divino.

Tras la caída del Campo Socialista y el comienzo del Período Especial, este arte debió ser casi que institucionalizado en Cuba, y es cuando surge la figura de los conocidos “amarillos”. En un inicio las cosas eran color de rosa y a los poco amables choferes que se saltaban los puntos de recogida se les amonestaba severamente, pudiendo llegar incluso a perder sus puestos de trabajo. Luego la cosa, como todas las cosas, se fue relajando, y hoy es mucho más normal ver a los apresurados choferes indicar su reloj como señal de que no pueden parar por estar “cogidos con el tiempo”, o a otros más amables que dicen adiós como muestra de ¿buena educación?

La realidad real, es que ya en los llamados Puntos de Recogida se detienen aquellos choferes que quieren, sin que medie ninguna obligación aparente de que deban hacerlo. Usted puede ver pasar guaguas totalmente vacías en horario pico, sin que sus conductores miren tan siquiera al pueblo acalorado que espera jadeante. Lo mismo puede pasar con los autos ligeros, sin distinción de procedencia. Es cierto que la indisciplina social ha causado cierta reticencia a detenerse por la avalancha incontrolable de personas, pero no es menos cierto que el alud humano fuera mucho menor si se detuvieran más vehículos.

El manido argumento de los ómnibus para “trabajadores” pierde fuerza por la sencilla razón, de que casi todos los desesperados son trabajadores, aunque no lo sean de la misma empresa, afortunada propietaria del vehículo en cuestión. Yo votaría por la ley y el orden, lo mismo como serie de televisión, que como filosofía salvadora que permitiera a todo el mundo viajar.

Aunque la mayor de las veces, es el mismo pueblo el que pone precio a su pasaje, enarbolando billetes a guisa de pasaje, debemos recordar que como buenos cubanos nos toca casi seguro un ratico arriba, y otro ratico abajo. Tal vez el prepotente conductor que hoy mira hacia otro lado si no ve a los héroes de Cuba ondeando, sea un día la infortunada víctima de nuestro trabajo. Recuerdo siempre ese spot televisivo donde el mismo médico que tuvo que pasar las mil y una para llegar a su trabajo, debe salvar la vida del hijo de ese mismo chofer que lo dejó abandonado en la calle.

El hombre casi siempre piensa como vive, propongámonos mejor en pensar en como ayudar al que lo necesite. La mayor parte del tiempo no hay mejor recompensa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s