La culpa es del totí

“Ni la vulgaridad, ni la mediocridad podrán mellar la riqueza de la música cubana; para ello trabajamos coordinadamente desde las instituciones culturales con todos los factores que intervienen en la promoción, difusión y uso social de las producciones musicales”.

Orlando Vistel Columbié, presidente del Instituto Cubano de la Música

Ya había hablado de reguetones y cubanos 

Pero la problemática musical cubana y sus implicaciones va mucho más allá de los cultores de este ¿genero? Los rockeros cubanos deben estar saltando de alegría, porque por primera vez el dedo acusador no apunta hacia sus ropas a veces extravagantes y sus canciones a veces difíciles de entender. Ahora el colimador está fijo sobre los reguetoneros a los que tanta promoción se le dio en su tiempo en centros culturales estatales.

Tras el escándalo y la polémica del Chupi-chupi, el pasado 10 de noviembre una turba de animales con ropa arremetió contra artistas y técnicos que se presentaban en un anfiteatro de Ciego de Ávila como parte de Gira Nacional 40 Trovamix homenajeando a la Nueva Trova. Un suceso realmente lamentable, achacado en gran medida al reguetón. Cito textual a Jorge Luis Neyra, crítico, director de un programa cultural de la televisión avileña y Coordinador General de Trovándote:

“(…) se trata de estudiantes de secundaria y preuniversitario que han empobrecido sus mentes con la música más burda que hoy plazas, autos, computadoras y hasta radio bases escolares difunden mañana, tarde y noche.”

Claro, recuerdo haber leído en otra nota que los asaltantes estaban bajo el efecto del alcohol, y es que en una fiesta en Cuba puede faltar cualquier cosa menos la bebida. Una eso a cierta falta de nivel cultural y ya tiene en sus manos un potente explosivo capaz de destruir todo a su paso.

Se quieren imponer “otros gustos” porque el reguetón “es malo”, sin darnos cuenta que no se ama lo que no se conoce y que el mundo evoluciona. Lo primero que hay que pensar es que le encuentra la gente a esa música vulgar. Nadie va a una discoteca a educarse y sería el colmo que en una fiesta de 15 años se escuchara trova. Ya no solo la tararea la juventud, incluso personas de la llamada tercera edad defienden el género. La culpa no es solo del totí, o del reguetón en este caso, o se olvidan de estribillos como este:
Mami yo soy un loco, un loco con una moto, loco con celular, celular que tira fotos…

Ejemplo claro y obvio de vulgaridad y que sin embargo se transmite y repite una y otra vez sin que nadie se de por enterado. Ejemplos como estos sobran, pero la avecilla negra debe cargar siempre con las principales culpas. Aclaro que no soy amante del reguetón, ya que hasta los más “decentes” son repetitivos y casi siempre muy pobres de letra. Pero la gente quiere y necesita divertirse. Para educarse están las escuelas, teatros y bibliotecas. Ya bastante con nuestra TV que de tan educativa resulta a veces insoportablemente aburrida.

Tal vez por esta vez el totí no sea el único culpable y sea necesario escarbar un poco más para encontrar el meollo del problema. Prohibir y censurar este tipo de música no resolverá nada, solo aumentar el precio de la música que se comercializa en las calles. Podemos botar el sofá, pero lo más probable es que solo perdamos el mueble y nos quede un vacío en nuestra sala mientras que los afortunados se llevarán a su casa un regalo, quizás no el que quisieran, pero regalo al fin.

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