De reguetones y cubanos

Al parecer ya era demasiado. Después de que mami pitcheara, las chicas contrajeran rabia (por aquello de perrea) ya fue demasiado el video erótico casi porno del chupi chupi. La pelota viene y va desde que al “chiquitico de Cuba”, autodenominado “ la voz” se le reprochara por aquello de las paleticas. Vamos que todo el mundo se daba cuenta de que al hombrín le gustaba el sexo oral, pero nadie tenía deseos de que lo dijera públicamente. El temita me viene a la cabeza después de leer ¿Censurar pa´ que no suene?, en el blog Desde mi ínsula, que escribe un colega y amigo.

Ahora dicen que “nuevas” normas regularán el uso de la música ¿también? Ya no es suficiente con que el pudoroso Instituto Cubano de Radio y Televisión norme la transmisión un 70% de música nacional y 30% extranjera. Cuando me entero de cosas como estas recuerdo una frase que más o menos dice cuidado con lo que deseas, porque un día se te puede cumplir. Con la llegada del período especial se desataron las oleadas de musiquillos de cuarta con deseos de hacer dinero fácil tocando dos latas y tres palabras que no necesariamente debían rimar.

Los mismos que ahora rompen sus lanzas contra el reguetón deben recordar aquellos 90 donde de imperaban las tosquedades para “echarle limón” a las brujas sin sentimiento y que de tantas maricusas que se quitaron la blusa hasta los macetones de la Charanga Habanera fueron sancionados a… seis meses haciendo mucho más dinero en el exterior, digo, a no ser divulgados en la radio y la TV cubana.

Según, Paquita Armas Fonseca la culpa de todos los males de la cultura nacional, o bueno, de casi todos, son los alquiladores/vendedores de discos, una suerte de corsarios actuales que bajo el amparo de una patente como trabajador por cuenta propia vende más películas que la propia Sony. Claro, la culpa de no es de Lucas, uno de los poquísimos espacios en la televisión cubana destinado a promover el clip cubano.

El quid del asunto no es si las letras son groseras, si se margina o no a la mujer, sino que la chamacada del barrio está copiando letras y estilos. Como podría ser diferente, si escuchando hace más de un decenio a “Orichas”, uno solo podía preguntarse de donde salieron aquellas muchachas tan lindas, los carros tan grandes y los yates tan lujosos. Es que esos malhablados con las gorras mal puestas, las ropas grandes o a veces rotas y el cuello cargado de cadenas (que cualquier día necesitan una Minerva) lo tienen todo. Salieron del barrio, casi siempre con apenas 9no grado (malo muchas veces), jamás estudiaron música, pero ahora se la llevan “con dinero y pasmao”. Llegaron a las tres C sin mucho esfuerzo y ahora tienen carros, casas, y cu… Son admirados por gran parte de la juventud e incluso viajan a otros países. ¿Qué más se puede pedir?

Amigos del Siglo XXI, en el MUNDO se consume cada día menos televisión, por no hablar de la radio, que en Cuba queda para un ínfimo % de la población. Pero llegan los carnavales, las semanas de la cultura, y hasta etc, y hay que oír música. Los “artistas nacionales” tienen una apretada agenda ganando dinero en el exterior y los huecos deben ser llenados. Como ahora en Cuba cualquiera es “maestro” (ver 23 y M por si las dudas), numerosos “profesores” que a apenas saben hablar y se autotitulan los “mejores bolígrafos de la República” asaltan plazas y parques para hacer mover el bote a los jóvenes y no tantos.

Es que nunca ha sido tan fácil ser músico. Un programa de crear música electrónica es capaz de crear un background que se venderá a una veintena de grupitos. Entonces los fines de semana los fiñes de apenas 10-11 años, con disfraces de adultos, consumirán esa basura musical y anhelarán hasta el desmayo un beso (o algo más) de su estrella favorita.

Luego muchas personas se quejan de que la juventud está perdida y achacan este disipamiento a la cultura del reguetón. Claro, ya en su momento se atacó y hasta prohibió a los Beattles y Silvio, aunque nada que ver con el reguetón. Amigos, abramos todos los ojos, esta juventud que imita en el vestir a los cantantes imitan en las acciones a sus mayores. Nos está pasando la cuenta la pérdida de valores que trajo consigo la llegada del dólar, no cuatro gatos poniendo a las muchachitas a mover la pelvis con letras puercas.

Si en la escuela la ¿maestra? recién graduada dice a cada minuto a los chiquillos que a ella no le pregunten porque no conoce de su asignatura, cómo esperan que el niño ame la escuela. Si mamá y papá no leen ni el periódico, ¿hábito de lectura en casa? No me parece. Si cuando usted lleva a su párvulo al circulo infantil jamás dice buenos día a las “tatas”, cómo espera que el infante sea educado. Si los de la tercera edad son los que más empujan para subirse a un ómnibus y las féminas viran la cara cuando ven a una compañera embarazada o con un pequeño en brazos, cómo les quieren inculcar valores a la juventud.

La cosa tiene su cosa, pero siempre es más sencillo botar el sofá. Y para los que no están familiarizados con el difícil arte de componer una canción de reguetón, aquí les dejo esta tabla que deben tararear igual que la de multiplicar.

Cómo se escribe el reguetón

3 pensamientos en “De reguetones y cubanos

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